El domingo de la semana que viene, coincidiendo con el Domingo de Ramos, haremos la excursión programada del tercer domingo de cada mes.
Esta vez, Jesús Leal nos guiará por la Serra de Son Torrella y de l'Ofre. Puede que sea algo dura pero seguro que será espectacular si el tiempo acompaña.
El lugar de reunión es el pequeño mirador que hay en la boca norte del 'Tunel Llarg' (mirando hacia el valle de Sóller). La hora la de siempre: las 09:00.
Os esperamos.
Ver Tunel Llarg en un mapa más grande
sábado, 9 de abril de 2011
sábado, 26 de marzo de 2011
Camí des Correu, Camí de Baix y Camí des Pescadors
Primermente corregir el error de la entrada anterior, donde hacía la introducción a la excursión y donde ponía Camí de la Mar, en vez de Camí de Baix. Me lió el camino que hicimos hace poco en la etapa de la vuelta a Mallorca. Una vez aclarado este punto pasamos a la crónica de la excursión.
Salimos de Esporles a las 09:20 (un café a última hora tuvo la culpa de salir un poco mas tarde). Somos 18. Un poco antes nos despedimos de unos compañeros del pueblo que no han podido venir en las últimas excursiones.
Callejeamos por el pueblo siguiendo el GR de la Ruta de Pedra en Sec. Vamos por el lateral sur de la iglesia y en seguida llegamos a unos escalones de piedra en subida. Es el inicio del Camí des Correu. A la derecha tenemos las laderas de la Fita del Ram, donde destaca a media altura El Castellet, asomando entre los árboles. Cruzamos la carretera hacia Banyalbufar / Valldemosssa y caminamos paralelos a esta, dejando a la izquierda las casas de Sa Granja. El camino está cerrado a ambos lados por rejilla. En algunos sitios el talud de tierra hacia la carretera ha cedido dejando agujeros que si van a mas pueden ser peligrosos. Pasamos de nuevo la carretera y ascendemos por sendero hasta alcanzar un portillo por el que entramos en el encinar. El camino asciende, empedrado, hacia el Coll des Pi. Dejamos el predio de Ses Mosqueres a nuestra derecha y una extraña huella en una piedra en el suelo llamada Sa Potada des Cavall relacionada con leyendas del rey Jaume I. Poco más adelante, a la derecha se abre un claro a la derecha. Es la Era des Moro y aprovechamos para descansar y merendar. Ha pasado poco más de una hora desde nuestra salida.
Tras la reanudación nos quedan 10 minutos de subida hasta el Coll des Pi y el inicio de la bajada hasta Banyalbufar. Aquí está uno de los tramos empedrados mejor conservados y más bonitos. Seguimos caminando entre encinas con vestigios aquí y allá de la presencia de la antigua actividad humana: hornos de cal, sitjas, barracas, etc. Pasamos por los terrenos de Son Sanutges y el mar hace acto de presencia y nos acompañará en la segunda parte de la excursión. El terreno se hace más pendiente. Empezamos a encontrar marjades con diferentes cultivos a nuestra derecha mientras a la izquierda seguimos teniendo encinar. Un par de curvas mas y llegamos a la Font de la Vila, entubada para aprovechamiento hídrico del pueblo. Seguimos bajando entre cultivos, terrazas y estanques, maravillándonos por el ingenio para aprovechar el más mínimo rincón de tierra cultivable y la más mínima gota de agua. Entramos en la población y llegamos a la plaza de la iglesia.
Aquí tenemos dos posibilidades, ir hacia el puerto para ascender a continuación hacia el inicio del Camí de Baix o ir por la carretera hacia el mismo inicio. El mar revuelto hace que optemos por la segunda opción, por lo que, intentando pasar el mal trago cuanto antes, andamos el kilómetro y medio que nos separa de la Volta des General, inicio del Camí de Baix. Este camino transcurre entre pinos a media ladera del Puig de ses Planes (a nuestra derecha). El camino está perfectamente señalizado con indicaciones en las bifurcaciones para evitar pérdidas. El camino se acerca al pie de unos acantilados en la zona llamada Es Corral Falç. Poco mas adelante llegamos a los terrenos de Son Bunyola cuyas casas vemos a nuestra derecha. A la izquierda, la punta de s'Aguila se adentra en el mar. De haber hecho hoy el Camí de la Mar que hicimos hace dos meses, no hubiéramos podido pasar de tan agitado que estaba hoy. El último tramo del camino transcurre cerca del mar con abundantes ejemplares de brezo blanco (o bruc). Cerca del puerto, poco antes de llegar, en un rincón un poco protegido del aire hacemos la parada para comer.
Tras la comida reanudamos la marcha, bordeando un momento la costa hasta llegar a las casas del Port des Canonge. Vamos por el camino o calle principal dejándolo atrás. Al final de la urbanización dejamos el asfalto, donde la carretera empieza a zigzaguear para salvar el desnivel de los acantilados y laderas que cierran el Port des Canonge. Vamos por el antiguo Camí des Pescadors, por la vaguada o a la orilla de un torrente. El camino, a ratos empedrado, asciende sin cesar, a ratos mas empinado que otros. No hay muchas marcas pero tampoco hay posibilidad de pérdida, exceptuando en un punto en donde parece que sigue recto, cuando realmente hay que desviarse girando un poco a la derecha (si nos fijamos veremos que hay restos del antiguo empedrado). Llegamos a un puente sobre el torrente con un vial del antiguo proyecto de urbanización, hoy afortunadamente abandonada, pero con presencia de mobiliario urbano (farolas, sobre todo) en desuso.
En ese lugar giramos a la izquierda por el vial para en seguida girar de nuevo a la derecha (flecha indicadora) reanudando la subida por la vaguada. Queda superar un desnivel de unos 100 metros por sendero y después camino ancho hasta llegar de nuevo a la carretera del puerto. Caminamos por ella, en subida, unos metros atajando alguna que otra curva, hasta llegar a un collado. En el, una nueva indicación nos desvía a la izquierda. Queda un último repecho por sendero hasta llegar a la balconada de Mirant de Mar, con una explanada y un mirador sobre la costa del Port des Canonge y donde nos hacemos la foto de grupo de rigor. Ya ha pasado lo peor y desde ahora todo será llano o cuesta abajo.
Un camino de carro entre pared y rejilla nos conduce hasta la carretera de Banyalbujar a Valldemossa, que andamos (hacia la izquierda, dirección Valldemossa) durante un centenar de metros, para desviarnos a la derecha por un camino no muy visible al lado de una pared. Dejamos unas casas a la derecha y el camino pasa a camino de carro ancho y llano (Camí de Son Dameto). Ya se ve Esporles que parece que nos llama y nosotros respondemos a su llamada. En este tramo solo hay dos cruces un poco críticos, especialmente uno que es una 'trifurcación' (dos hacia la izquierda y uno a la derecha) y que hay que ir por el de en medio (el segundo de la izquierda).
Al encontrar las primeras casas, descendemos por un camino escalonado que nos conduciría hacia la carretera de salida del pueblo hacia Banyalbufar. En vez de ir por ella, vamos por la Calle Major (paralela a la carretera) hasta llegar a la Calle de Sant Pere donde al fondo vemos la iglesia a la que llegamos dando por concluida la excursión.
Han sido 22 kilómetros de excursión por tres caminos emblemáticos de Esporles y Banyalbufar. Dos de ellos muy conocidos y el tercero (el Camí des Pescadors) no tanto, pero no por ello menos interesante. El tiempo además ha acompañado y nos ha permitido disfrutar de nuevo de otro rincón de nuestra isla.
Salimos de Esporles a las 09:20 (un café a última hora tuvo la culpa de salir un poco mas tarde). Somos 18. Un poco antes nos despedimos de unos compañeros del pueblo que no han podido venir en las últimas excursiones.
Callejeamos por el pueblo siguiendo el GR de la Ruta de Pedra en Sec. Vamos por el lateral sur de la iglesia y en seguida llegamos a unos escalones de piedra en subida. Es el inicio del Camí des Correu. A la derecha tenemos las laderas de la Fita del Ram, donde destaca a media altura El Castellet, asomando entre los árboles. Cruzamos la carretera hacia Banyalbufar / Valldemosssa y caminamos paralelos a esta, dejando a la izquierda las casas de Sa Granja. El camino está cerrado a ambos lados por rejilla. En algunos sitios el talud de tierra hacia la carretera ha cedido dejando agujeros que si van a mas pueden ser peligrosos. Pasamos de nuevo la carretera y ascendemos por sendero hasta alcanzar un portillo por el que entramos en el encinar. El camino asciende, empedrado, hacia el Coll des Pi. Dejamos el predio de Ses Mosqueres a nuestra derecha y una extraña huella en una piedra en el suelo llamada Sa Potada des Cavall relacionada con leyendas del rey Jaume I. Poco más adelante, a la derecha se abre un claro a la derecha. Es la Era des Moro y aprovechamos para descansar y merendar. Ha pasado poco más de una hora desde nuestra salida.
Tras la reanudación nos quedan 10 minutos de subida hasta el Coll des Pi y el inicio de la bajada hasta Banyalbufar. Aquí está uno de los tramos empedrados mejor conservados y más bonitos. Seguimos caminando entre encinas con vestigios aquí y allá de la presencia de la antigua actividad humana: hornos de cal, sitjas, barracas, etc. Pasamos por los terrenos de Son Sanutges y el mar hace acto de presencia y nos acompañará en la segunda parte de la excursión. El terreno se hace más pendiente. Empezamos a encontrar marjades con diferentes cultivos a nuestra derecha mientras a la izquierda seguimos teniendo encinar. Un par de curvas mas y llegamos a la Font de la Vila, entubada para aprovechamiento hídrico del pueblo. Seguimos bajando entre cultivos, terrazas y estanques, maravillándonos por el ingenio para aprovechar el más mínimo rincón de tierra cultivable y la más mínima gota de agua. Entramos en la población y llegamos a la plaza de la iglesia.
Aquí tenemos dos posibilidades, ir hacia el puerto para ascender a continuación hacia el inicio del Camí de Baix o ir por la carretera hacia el mismo inicio. El mar revuelto hace que optemos por la segunda opción, por lo que, intentando pasar el mal trago cuanto antes, andamos el kilómetro y medio que nos separa de la Volta des General, inicio del Camí de Baix. Este camino transcurre entre pinos a media ladera del Puig de ses Planes (a nuestra derecha). El camino está perfectamente señalizado con indicaciones en las bifurcaciones para evitar pérdidas. El camino se acerca al pie de unos acantilados en la zona llamada Es Corral Falç. Poco mas adelante llegamos a los terrenos de Son Bunyola cuyas casas vemos a nuestra derecha. A la izquierda, la punta de s'Aguila se adentra en el mar. De haber hecho hoy el Camí de la Mar que hicimos hace dos meses, no hubiéramos podido pasar de tan agitado que estaba hoy. El último tramo del camino transcurre cerca del mar con abundantes ejemplares de brezo blanco (o bruc). Cerca del puerto, poco antes de llegar, en un rincón un poco protegido del aire hacemos la parada para comer.
Tras la comida reanudamos la marcha, bordeando un momento la costa hasta llegar a las casas del Port des Canonge. Vamos por el camino o calle principal dejándolo atrás. Al final de la urbanización dejamos el asfalto, donde la carretera empieza a zigzaguear para salvar el desnivel de los acantilados y laderas que cierran el Port des Canonge. Vamos por el antiguo Camí des Pescadors, por la vaguada o a la orilla de un torrente. El camino, a ratos empedrado, asciende sin cesar, a ratos mas empinado que otros. No hay muchas marcas pero tampoco hay posibilidad de pérdida, exceptuando en un punto en donde parece que sigue recto, cuando realmente hay que desviarse girando un poco a la derecha (si nos fijamos veremos que hay restos del antiguo empedrado). Llegamos a un puente sobre el torrente con un vial del antiguo proyecto de urbanización, hoy afortunadamente abandonada, pero con presencia de mobiliario urbano (farolas, sobre todo) en desuso.
En ese lugar giramos a la izquierda por el vial para en seguida girar de nuevo a la derecha (flecha indicadora) reanudando la subida por la vaguada. Queda superar un desnivel de unos 100 metros por sendero y después camino ancho hasta llegar de nuevo a la carretera del puerto. Caminamos por ella, en subida, unos metros atajando alguna que otra curva, hasta llegar a un collado. En el, una nueva indicación nos desvía a la izquierda. Queda un último repecho por sendero hasta llegar a la balconada de Mirant de Mar, con una explanada y un mirador sobre la costa del Port des Canonge y donde nos hacemos la foto de grupo de rigor. Ya ha pasado lo peor y desde ahora todo será llano o cuesta abajo.
Un camino de carro entre pared y rejilla nos conduce hasta la carretera de Banyalbujar a Valldemossa, que andamos (hacia la izquierda, dirección Valldemossa) durante un centenar de metros, para desviarnos a la derecha por un camino no muy visible al lado de una pared. Dejamos unas casas a la derecha y el camino pasa a camino de carro ancho y llano (Camí de Son Dameto). Ya se ve Esporles que parece que nos llama y nosotros respondemos a su llamada. En este tramo solo hay dos cruces un poco críticos, especialmente uno que es una 'trifurcación' (dos hacia la izquierda y uno a la derecha) y que hay que ir por el de en medio (el segundo de la izquierda).
Al encontrar las primeras casas, descendemos por un camino escalonado que nos conduciría hacia la carretera de salida del pueblo hacia Banyalbufar. En vez de ir por ella, vamos por la Calle Major (paralela a la carretera) hasta llegar a la Calle de Sant Pere donde al fondo vemos la iglesia a la que llegamos dando por concluida la excursión.
Han sido 22 kilómetros de excursión por tres caminos emblemáticos de Esporles y Banyalbufar. Dos de ellos muy conocidos y el tercero (el Camí des Pescadors) no tanto, pero no por ello menos interesante. El tiempo además ha acompañado y nos ha permitido disfrutar de nuevo de otro rincón de nuestra isla.
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sábado, 12 de marzo de 2011
La Siguiente: Camins des Correu, de la Mar i des Pescadors
El domingo que viene, 20 de marzo, Santueri hará la excursión mensual programada. En esta ocasión la ruta discurrirá por tres caminos catalogados: Camí des Correu (de Esporles a Banyalbufar, incluido en el GR de la Pedra en Sec), Camí de la Mar (de Banyalbufar al Port des Canonge) y Camí des Pescadors (del Port des Canonge a Esporles, quizás algo menos conocido).
La ruta es larga, pero muy maja e interesante, con unos paisajes que merecen la pena.
El guía será Martí Janer.
El lugar de reunión se ha puesto en la iglesia de Esporles, a la hora de costumbre (las 09:00).
Hasta el domingo.
Ver Esporlas en un mapa más grande
La ruta es larga, pero muy maja e interesante, con unos paisajes que merecen la pena.
El guía será Martí Janer.
El lugar de reunión se ha puesto en la iglesia de Esporles, a la hora de costumbre (las 09:00).
Hasta el domingo.
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domingo, 20 de febrero de 2011
Mola de Tuent (cambio de planes)
Por segunda vez el mal tiempo ha hecho cambiar los planes previstos. La idea era recorrer desde el Nudo de la Corbata, la zona de Es Castellots, los Clots de l'Infern, acercarnos a la Cova de sa Campana para llegar a la Calobra.
Pero como decía las condiciones meteorológicas no eran las adecuadas y la lluvia y la niebla han sido factores determinantes. Esa zona no puedes recorrerla sin buena visibilidad; un despiste puede tener graves consecuencias. Y después está el terreno que, mojado, siempre es peligroso.
Por tanto, una vez reunidos los 15 que a las nueve decidimos cambiar el destino. Nos decidimos por la Mola de Tuent. Una excursión sencilla en caso de que siguiera haciendo mal tiempo, y con posibilidad de cobijo en la torre de vigilancia, pero que nos serviría para 'quitarnos el mono' en caso de que mejorara.
Nos dirigimos en procesión motorizada hacia el Coll de Sant Llorenç y la ermita del mismo nombre a la que llegamos a eso de las nueve y media. El tiempo seguía inestable, aunque ya no se notaba tanto la niebla que la teníamos sobre nuestras cabezas. Continuaba, sin embargo, chispeando, aunque débilmente.
Al haber reducido la excursión decidimos hacer la merienda antes de empezarla, así también alargaríamos un poco el tiempo entre ésta y la comida. Demoramos el inicio de la marcha media hora mientras dábamos cuenta de los bocadillos y a las 10 empezamos la subida rodeando la ermita por un sendero que va por su izquierda.
El sendero no tiene pérdida y va ganando altura suavemente por entre carrizos, jaras y romeros. No tiene tampoco complicaciones exceptuando un pequeño escalón que se salva con la ayuda de un pasamanos de acero y unos escalones de hierro clavados en la roca. Luego de este paso no hay más dificultades. Sólo ir continuamente ascendiendo por la ladera de la Mola de Tuent.
Las hierbas están mojadas de la lluvia caída, pero esta situación va cambiando pues el cielo se va despejando poco a poco y el sol empieza a asomar secando la vegetación. Las vistas se van ampliando cada vez más a nuestro alrededor. El llogaret de Sa Calobra a nuestros pies hacia el este, Cala Tuent hacia el oeste y las laderas del Puig Major a nuestra espalda, al sur. Nosotros seguimos ascendiendo en dirección norte.
De esta manera llegamos en una hora a la ermita y a la caseta refugio de la Mola de Tuent. La torre de vigilancia está un poco mas arriba. Desde la misma ermita las vistas son maravillosas y mas aún teniendo en cuenta que el cielo está, al menos por nuestra zona, prácticamente despejado. Subimos hasta la torre, que tiene la forma y disposición típica de las torres de vigilancia que rodean a Mallorca; cilíndrica y con una entrada a cierta altura a la que se accede actualmente por unos escalones de hierro clavados a la pared de la torre. Un corto pasillo separa esa entrada de una estancia circular abovedada con una chimenea justo frente a la entrada. Una escalera de caracol interior accede a la terraza de la torre donde descansa un cañón de hierro. Desde esta terraza vemos el este todavía dominado por las nubes. El oeste sin embargo está claro distinguiéndose el Puig de Bàlitx por detrás del Coll de Biniamar y la Torre de Na Seca. A su izquierda toda la crestería de la montaña de Montcaire. En la costa se intuye la línea del Camí de sa Costera (no se ven las casas de la fábrica de electricidad cercanas a la Font des Verger). En primer término el Morro des Forat con la torre del mismo nombre y Cala Tuent.
A lo lejos vienen hacia nosotros unas nubes muy densas mientras un buitre pasa por encima de nuestras cabezas. Las nubes no son de agua pero pronto nos rodea una niebla bastante densa que nos hace bajar a la estancia de la chimenea. Unos cuantos troncos dejados por otros excursionistas nos invitan a encender un fuego para calentar un poco el ambiente. No parece en principio mala idea pero el mal tiro de la chimenea hace que nos arrepintamos un poco mas tarde apagándolo. Aunque sea pronto aprovechamos para comer.
Tras la comida vemos que las nubes han pasado dejando una atmósfera limpia. Bajamos de la torre y vemos en todo su esplendor toda la costa este que no pudimos ver anteriormente con el Morro de sa Vaca en primer término, el Morro d'en Bordils con la Torre de Lluc en su cima y los sucesivos Morro d'en Llobera, Musclo des Llorers y Punta Beca. Más hacia el este la grieta que forma el Torrent de Pareis. Detrás las cimas de la Roca Roja y el Puig Roig. Dominando el sur está el Puig Major, y la serpenteante carretera que baja a La Calobra desde el Coll de Cal Reis.
Empezamos el descenso que lo haremos por el mismo camino de subida. Por suerte el sol ha secado todo signo de humedad del terreno y podemos hacer la bajada sin miedo a patinazos.
Apenas han sido tres kilómetros y 2 horas escasas de marcha. No se ha podido hacer la excursión prevista, pero hemos podido disfrutar de las vistas de este privilegiado observatorio.
Pero como decía las condiciones meteorológicas no eran las adecuadas y la lluvia y la niebla han sido factores determinantes. Esa zona no puedes recorrerla sin buena visibilidad; un despiste puede tener graves consecuencias. Y después está el terreno que, mojado, siempre es peligroso.
Por tanto, una vez reunidos los 15 que a las nueve decidimos cambiar el destino. Nos decidimos por la Mola de Tuent. Una excursión sencilla en caso de que siguiera haciendo mal tiempo, y con posibilidad de cobijo en la torre de vigilancia, pero que nos serviría para 'quitarnos el mono' en caso de que mejorara.
Nos dirigimos en procesión motorizada hacia el Coll de Sant Llorenç y la ermita del mismo nombre a la que llegamos a eso de las nueve y media. El tiempo seguía inestable, aunque ya no se notaba tanto la niebla que la teníamos sobre nuestras cabezas. Continuaba, sin embargo, chispeando, aunque débilmente.
Al haber reducido la excursión decidimos hacer la merienda antes de empezarla, así también alargaríamos un poco el tiempo entre ésta y la comida. Demoramos el inicio de la marcha media hora mientras dábamos cuenta de los bocadillos y a las 10 empezamos la subida rodeando la ermita por un sendero que va por su izquierda.
El sendero no tiene pérdida y va ganando altura suavemente por entre carrizos, jaras y romeros. No tiene tampoco complicaciones exceptuando un pequeño escalón que se salva con la ayuda de un pasamanos de acero y unos escalones de hierro clavados en la roca. Luego de este paso no hay más dificultades. Sólo ir continuamente ascendiendo por la ladera de la Mola de Tuent.
Las hierbas están mojadas de la lluvia caída, pero esta situación va cambiando pues el cielo se va despejando poco a poco y el sol empieza a asomar secando la vegetación. Las vistas se van ampliando cada vez más a nuestro alrededor. El llogaret de Sa Calobra a nuestros pies hacia el este, Cala Tuent hacia el oeste y las laderas del Puig Major a nuestra espalda, al sur. Nosotros seguimos ascendiendo en dirección norte.
De esta manera llegamos en una hora a la ermita y a la caseta refugio de la Mola de Tuent. La torre de vigilancia está un poco mas arriba. Desde la misma ermita las vistas son maravillosas y mas aún teniendo en cuenta que el cielo está, al menos por nuestra zona, prácticamente despejado. Subimos hasta la torre, que tiene la forma y disposición típica de las torres de vigilancia que rodean a Mallorca; cilíndrica y con una entrada a cierta altura a la que se accede actualmente por unos escalones de hierro clavados a la pared de la torre. Un corto pasillo separa esa entrada de una estancia circular abovedada con una chimenea justo frente a la entrada. Una escalera de caracol interior accede a la terraza de la torre donde descansa un cañón de hierro. Desde esta terraza vemos el este todavía dominado por las nubes. El oeste sin embargo está claro distinguiéndose el Puig de Bàlitx por detrás del Coll de Biniamar y la Torre de Na Seca. A su izquierda toda la crestería de la montaña de Montcaire. En la costa se intuye la línea del Camí de sa Costera (no se ven las casas de la fábrica de electricidad cercanas a la Font des Verger). En primer término el Morro des Forat con la torre del mismo nombre y Cala Tuent.
A lo lejos vienen hacia nosotros unas nubes muy densas mientras un buitre pasa por encima de nuestras cabezas. Las nubes no son de agua pero pronto nos rodea una niebla bastante densa que nos hace bajar a la estancia de la chimenea. Unos cuantos troncos dejados por otros excursionistas nos invitan a encender un fuego para calentar un poco el ambiente. No parece en principio mala idea pero el mal tiro de la chimenea hace que nos arrepintamos un poco mas tarde apagándolo. Aunque sea pronto aprovechamos para comer.
Tras la comida vemos que las nubes han pasado dejando una atmósfera limpia. Bajamos de la torre y vemos en todo su esplendor toda la costa este que no pudimos ver anteriormente con el Morro de sa Vaca en primer término, el Morro d'en Bordils con la Torre de Lluc en su cima y los sucesivos Morro d'en Llobera, Musclo des Llorers y Punta Beca. Más hacia el este la grieta que forma el Torrent de Pareis. Detrás las cimas de la Roca Roja y el Puig Roig. Dominando el sur está el Puig Major, y la serpenteante carretera que baja a La Calobra desde el Coll de Cal Reis.
Empezamos el descenso que lo haremos por el mismo camino de subida. Por suerte el sol ha secado todo signo de humedad del terreno y podemos hacer la bajada sin miedo a patinazos.
Apenas han sido tres kilómetros y 2 horas escasas de marcha. No se ha podido hacer la excursión prevista, pero hemos podido disfrutar de las vistas de este privilegiado observatorio.
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domingo, 13 de febrero de 2011
Próxima excursión: Clots de l'Infern - Cova de sa Campana
El domingo que viene toca excursión. Esta vez iremos por la zona de la carretera de La Calobra. El lugar de reunión será en el aparcamiento del 'Nudo de la Corbata' a la hora habitual de las 09:00. Habrá que hacer movimiento de coches ya que acabaremos la excursión en La Calobra, así que conviene ser puntuales.
Nuestro guía será Jesús, que nos llevará por esas escarpadas comarcas. La excursión se prevee un poco durilla pero seguro que emocionante. Os esperamos a todos.
Ver Nudo de la Corbata en un mapa más grande
Nuestro guía será Jesús, que nos llevará por esas escarpadas comarcas. La excursión se prevee un poco durilla pero seguro que emocionante. Os esperamos a todos.
Ver Nudo de la Corbata en un mapa más grande
domingo, 16 de enero de 2011
Vuelta a Mallorca: Son Olesa - Son Marroig
Empezamos la excursión propiamente dicha a las 09:45. Antes los conductores han hecho el movimiento de coches para dejar unos cuantos en Son Marroig y regresar hasta el punto de partida. Somos 23 personas y el tiempo invita a caminar. Hay un poco de niebla por los alrededores pero no hace frío y el sol calienta de forma inhabitual en esta época del año.
Pasamos frente a la fachada principal de las casas de Son Olesa y frente a los jardines que están a continuación. En la primera curva de la carretera que conduce hacia la urbanización, nos desviamos de ésta hacia la derecha por un botador que salva una pared con rejilla. Caminamos por un sendero entre cultivos para seguidamente entrar en un bosque de encinas. Estamos en el Camí de Son Olesa a Sa Marina, que comunicaba esta posesión con el puerto de Valldemossa. El camino baja bien definido (y además fitado con hitos y con puntos de pintura roja) atravesando el bosque haciendo lazadas hasta salir de él y continuar descendiendo por las laderas del Torrent des Salt. La niebla y el sol crean un ambiente algo misterioso a nuestro alrededor. Empezamos a ver las casas del puerto de Valldemossa o de Sa Marina. A lo lejos se divisa La Foradada, principal destino de nuestra excursión.
Continuamos bajando siguiendo el camino que en ocasiones conserva el antiguo empedrado. El puerto está cada vez mas cerca. Llegamos a una caseta y a continuación descendemos un largo y empinado tramo escalonado hasta llegar casi al torrente cuyo sonido del agua alcanzamos a oír. Llevamos tres cuartos de hora desde la posesión y nos queda todavía otro cuarto hasta llegar al puerto. El sendero se allana y discurre entre carrizos por antiguos bancales ahora abandonados. La humedad ha sido constante en toda la bajada ocasionando algún que otro resbalón, por suerte sin consecuencias. Al final, sorteando un montón de piedras de una obra salimos a los viales del Puerto de Valldemossa y llegamos al embarcadero donde, bajo la atenta mirada de unos orondos y rollizos gatos que acechan cualquier migaja que les damos o que se nos cae del bocadillo, merendamos. No hay mucho movimiento en el pueblo. Sin embargo en el puerto, en el poco tiempo que estuvimos allí, llegaron tres barcas después de haber hecho un paseo matutino por un mar completamente en calma.
Tras la merienda, atravesamos la playa de cantos rodados y subimos por una empinada rampa de cemento ganando altura rápidamente. Acabada la pista nos desviamos a la izquierda por un sendero no muy definido en dirección primero este y luego norte-noreste. Vamos por una especie de cresta. Cuando se allana un poco giramos en dirección nuevamente este pasando al lado de una caseta y llegando enseguida a la altura de una curva de la carretera que baja al puerto. No llegamos a la carretera. La dejamos a la derecha mientras giramos a la izquierda por una pista ancha y cómoda después de atravesar un portillo. Hemos llegado al Camí de ses Vinyes.
Este tramo será el más cómodo de la excursión ya que apenas tiene desnivel y el camino es ancho y sin piedras. A medida que andamos vemos arriba a nuestra derecha diferentes miradores, mandados construir por el archiduque Luis Salvador, asomados a los acantilados. A nuestra izquierda vamos dejando casas y posesiones, como las de Font Figuera y S'Estaca. Poco antes de ésta dejamos también a la izquierda unas marjadas de viñedo. Menos de diez minutos después de S'Estaca dejamos el desvío que baja al Caló de s'Estaca.
Seguimos durante un tramo más por camino ancho. La Foradada se nos vuelve a presentar a nuestros ojos. Desde nuestra posición no se ve todavía el característico agujero. Poco a poco vamos llegando a la parte más complicada de la ruta: el Camí de la Mar, o lo poco que queda de el. Hemos de bajar hacia el mar, pasando por antiguas construcciones e incluso un merendero mandado construir por el archiduque. La presencia de este hombre se ha hecho constante en toda la excursión: caminos, miradores, posesiones, ... Todo tiene relación con el en mayor o menor medida. El Camí de la Mar también fue mandado construir por él. Un camino que iba desde Es Guix hasta la Foradada a la orilla del mar. En su día, su construcción se realizó pensando en que aguantara los oleajes y temporales. Pero más de 100 años son muchos años y hoy en día apenas quedan unos pocos restos del suelo enlosado y de las paredes de contención del camino. Casi todo este tramo lo hacemos saltando de piedra en piedra. Aunque no tienen mucho sentido, hay fitas por aquí y por allá intentando señalar el mejor camino. La forma de avanzar es similar a la que se hace en algunos tramos del Torrent de Pareis y podría servir de entrenamiento para hacerlo. A medida que avanzamos se ve cada vez mejor el agujero que da nombre a La Foradada.
Ascendemos unos metros sobre el mar hasta alcanzar un tramo más cómodo y plano por el que llegamos al inicio del istmo de la Foradada. El camino discurre por el lado norte del istmo hasta la altura de la Punta Prima donde gira a la izquierda. El camino sube hasta Es Xalet, que dejamos a la izquierda. Unos pocos escalones en bajada y llegamos al embarcadero. Allí terminamos esta segunda parte de la excursión y hacemos la parada para la comida.
Tras la comida se propone a quien lo desee subir a la Foradada. Nos apuntamos diez de nosotros. Los demás nos esperarán en el embarcadero. La subida no es muy complicada. Primeramente aprovechando unas cornisas en zig-zag en las paredes de piedra que tenemos a nuestra izquierda y que nos dejan en un pequeño altiplano. De allí arranca un sendero fitado que rápidamente coge altura. No tiene mucha complicación aunque la pendiente es algo elevada. En poco tiempo llegamos a la cima, presidida por un hito geodésico con una placa de mármol con una inscripción de la situación geográfica. Desde la cima se ven las ruinas de la capilla de Ramón Llull, destruida por un rayo. Foto de rigor del grupo y empezamos la bajada por el mismo camino de subida. Hacia la mitad de la bajada, nos desviamos para ir, algunos, al agujero que da nombre a este relieve geográfico. Solo bajan siete. Los otros tres, entre los que me incluyo, nos quedamos esperando arriba, en una especie de cornisa desde donde divisamos sus movimientos. Por encima del agujero destaca un gran nido hecho en su día por alguna rapaz (a lo mejor un águila pescadora) y que ahora está ocupado por un cormorán. A esta corta distancia y con los compañeros al pie es donde se aprecia la grandeza de este monumento natural. El 'Forat' tiene unos 20 m de diámetro. Según comentan después, la bajada tiene un primer punto complicado, que es después de esa repisa donde esperábamos, donde hay que bajar (y luego subir) por una canal un poco aérea. Le sigue una ancha rampa de tierra suelta. Por último hay otro paso complicado donde hay que agarrarse 'hasta con los dientes' (desde arriba ese paso no se podía ver) hasta llegar al agujero.
De vuelta al embarcadero, empezamos la parte final de la excursión, subiendo por el Camí de sa Foradada hasta Son Marroig. El camino es ancho y cómodo aunque se sube con un poco de lentitud. El cansancio se nota en las piernas. Ha sido además una excursión extraña, ya que, al contrario que la gran mayoría, empiezas bajando y terminas subiendo. A nuestro paso dejamos un mirador a la derecha y que se asciende por una escalera de piedra. Después se pasa por un lugar que parecen las paredes de alguna antigua cueva que debió colapsar hace muchos años. Se ven restos de coladas de piedra y demás formaciones calcáreas. Seguimos subiendo hasta llegar al Pla de ses Figueres, donde aparecen los olivos con sus retorcidas y enrevesadas formas características. Tras pasar un portillo, ya sobre camino asfaltado, llegamos a las casas de Son Marroig. Vemos el templete del mirador de Son Marroig y un poco después alcanzamos a la explanada del mirador del Galliner (la verdad es que no lo conocía por este nombre) y que es el mas visitado de esta zona, pues está al lado del aparcamiento.
En total han sido casi 16 kilómetros, algo duros en algunos tramos, pero que con el día espléndido que nos ha acompañado ha permitido disfrutar de una jornada fantástica por un entorno también maravilloso.
Pasamos frente a la fachada principal de las casas de Son Olesa y frente a los jardines que están a continuación. En la primera curva de la carretera que conduce hacia la urbanización, nos desviamos de ésta hacia la derecha por un botador que salva una pared con rejilla. Caminamos por un sendero entre cultivos para seguidamente entrar en un bosque de encinas. Estamos en el Camí de Son Olesa a Sa Marina, que comunicaba esta posesión con el puerto de Valldemossa. El camino baja bien definido (y además fitado con hitos y con puntos de pintura roja) atravesando el bosque haciendo lazadas hasta salir de él y continuar descendiendo por las laderas del Torrent des Salt. La niebla y el sol crean un ambiente algo misterioso a nuestro alrededor. Empezamos a ver las casas del puerto de Valldemossa o de Sa Marina. A lo lejos se divisa La Foradada, principal destino de nuestra excursión.
Continuamos bajando siguiendo el camino que en ocasiones conserva el antiguo empedrado. El puerto está cada vez mas cerca. Llegamos a una caseta y a continuación descendemos un largo y empinado tramo escalonado hasta llegar casi al torrente cuyo sonido del agua alcanzamos a oír. Llevamos tres cuartos de hora desde la posesión y nos queda todavía otro cuarto hasta llegar al puerto. El sendero se allana y discurre entre carrizos por antiguos bancales ahora abandonados. La humedad ha sido constante en toda la bajada ocasionando algún que otro resbalón, por suerte sin consecuencias. Al final, sorteando un montón de piedras de una obra salimos a los viales del Puerto de Valldemossa y llegamos al embarcadero donde, bajo la atenta mirada de unos orondos y rollizos gatos que acechan cualquier migaja que les damos o que se nos cae del bocadillo, merendamos. No hay mucho movimiento en el pueblo. Sin embargo en el puerto, en el poco tiempo que estuvimos allí, llegaron tres barcas después de haber hecho un paseo matutino por un mar completamente en calma.
Tras la merienda, atravesamos la playa de cantos rodados y subimos por una empinada rampa de cemento ganando altura rápidamente. Acabada la pista nos desviamos a la izquierda por un sendero no muy definido en dirección primero este y luego norte-noreste. Vamos por una especie de cresta. Cuando se allana un poco giramos en dirección nuevamente este pasando al lado de una caseta y llegando enseguida a la altura de una curva de la carretera que baja al puerto. No llegamos a la carretera. La dejamos a la derecha mientras giramos a la izquierda por una pista ancha y cómoda después de atravesar un portillo. Hemos llegado al Camí de ses Vinyes.
Este tramo será el más cómodo de la excursión ya que apenas tiene desnivel y el camino es ancho y sin piedras. A medida que andamos vemos arriba a nuestra derecha diferentes miradores, mandados construir por el archiduque Luis Salvador, asomados a los acantilados. A nuestra izquierda vamos dejando casas y posesiones, como las de Font Figuera y S'Estaca. Poco antes de ésta dejamos también a la izquierda unas marjadas de viñedo. Menos de diez minutos después de S'Estaca dejamos el desvío que baja al Caló de s'Estaca.
Seguimos durante un tramo más por camino ancho. La Foradada se nos vuelve a presentar a nuestros ojos. Desde nuestra posición no se ve todavía el característico agujero. Poco a poco vamos llegando a la parte más complicada de la ruta: el Camí de la Mar, o lo poco que queda de el. Hemos de bajar hacia el mar, pasando por antiguas construcciones e incluso un merendero mandado construir por el archiduque. La presencia de este hombre se ha hecho constante en toda la excursión: caminos, miradores, posesiones, ... Todo tiene relación con el en mayor o menor medida. El Camí de la Mar también fue mandado construir por él. Un camino que iba desde Es Guix hasta la Foradada a la orilla del mar. En su día, su construcción se realizó pensando en que aguantara los oleajes y temporales. Pero más de 100 años son muchos años y hoy en día apenas quedan unos pocos restos del suelo enlosado y de las paredes de contención del camino. Casi todo este tramo lo hacemos saltando de piedra en piedra. Aunque no tienen mucho sentido, hay fitas por aquí y por allá intentando señalar el mejor camino. La forma de avanzar es similar a la que se hace en algunos tramos del Torrent de Pareis y podría servir de entrenamiento para hacerlo. A medida que avanzamos se ve cada vez mejor el agujero que da nombre a La Foradada.
Ascendemos unos metros sobre el mar hasta alcanzar un tramo más cómodo y plano por el que llegamos al inicio del istmo de la Foradada. El camino discurre por el lado norte del istmo hasta la altura de la Punta Prima donde gira a la izquierda. El camino sube hasta Es Xalet, que dejamos a la izquierda. Unos pocos escalones en bajada y llegamos al embarcadero. Allí terminamos esta segunda parte de la excursión y hacemos la parada para la comida.
Tras la comida se propone a quien lo desee subir a la Foradada. Nos apuntamos diez de nosotros. Los demás nos esperarán en el embarcadero. La subida no es muy complicada. Primeramente aprovechando unas cornisas en zig-zag en las paredes de piedra que tenemos a nuestra izquierda y que nos dejan en un pequeño altiplano. De allí arranca un sendero fitado que rápidamente coge altura. No tiene mucha complicación aunque la pendiente es algo elevada. En poco tiempo llegamos a la cima, presidida por un hito geodésico con una placa de mármol con una inscripción de la situación geográfica. Desde la cima se ven las ruinas de la capilla de Ramón Llull, destruida por un rayo. Foto de rigor del grupo y empezamos la bajada por el mismo camino de subida. Hacia la mitad de la bajada, nos desviamos para ir, algunos, al agujero que da nombre a este relieve geográfico. Solo bajan siete. Los otros tres, entre los que me incluyo, nos quedamos esperando arriba, en una especie de cornisa desde donde divisamos sus movimientos. Por encima del agujero destaca un gran nido hecho en su día por alguna rapaz (a lo mejor un águila pescadora) y que ahora está ocupado por un cormorán. A esta corta distancia y con los compañeros al pie es donde se aprecia la grandeza de este monumento natural. El 'Forat' tiene unos 20 m de diámetro. Según comentan después, la bajada tiene un primer punto complicado, que es después de esa repisa donde esperábamos, donde hay que bajar (y luego subir) por una canal un poco aérea. Le sigue una ancha rampa de tierra suelta. Por último hay otro paso complicado donde hay que agarrarse 'hasta con los dientes' (desde arriba ese paso no se podía ver) hasta llegar al agujero.
De vuelta al embarcadero, empezamos la parte final de la excursión, subiendo por el Camí de sa Foradada hasta Son Marroig. El camino es ancho y cómodo aunque se sube con un poco de lentitud. El cansancio se nota en las piernas. Ha sido además una excursión extraña, ya que, al contrario que la gran mayoría, empiezas bajando y terminas subiendo. A nuestro paso dejamos un mirador a la derecha y que se asciende por una escalera de piedra. Después se pasa por un lugar que parecen las paredes de alguna antigua cueva que debió colapsar hace muchos años. Se ven restos de coladas de piedra y demás formaciones calcáreas. Seguimos subiendo hasta llegar al Pla de ses Figueres, donde aparecen los olivos con sus retorcidas y enrevesadas formas características. Tras pasar un portillo, ya sobre camino asfaltado, llegamos a las casas de Son Marroig. Vemos el templete del mirador de Son Marroig y un poco después alcanzamos a la explanada del mirador del Galliner (la verdad es que no lo conocía por este nombre) y que es el mas visitado de esta zona, pues está al lado del aparcamiento.
En total han sido casi 16 kilómetros, algo duros en algunos tramos, pero que con el día espléndido que nos ha acompañado ha permitido disfrutar de una jornada fantástica por un entorno también maravilloso.
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domingo, 9 de enero de 2011
Tercer domingo: Son Olesa - Son Marroig (vuelta a Mallorca)
El domingo que viene, tercero del mes, haremos nuestra habitual excursión. Esta vez corresponde a una etapa de la vuelta a Mallorca (la décima). Como en otras excursiones de la vuelta a Mallorca, nuestro guía será Jaume Salom.
Hemos quedado en las casas de Son Oleza (desvío en el km 72.8 de la carretera Ma 10) a las 09:00.
Como también es habitual habrá que mover coches por lo que es conveniente ser puntuales.
La excursión promete ser interesante al ir en ocasiones al borde del mar. Esperemos que no haya temporal que malogre el disfrute de la misma.
Ver Son Oleza en un mapa más grande
Hemos quedado en las casas de Son Oleza (desvío en el km 72.8 de la carretera Ma 10) a las 09:00.
Como también es habitual habrá que mover coches por lo que es conveniente ser puntuales.
La excursión promete ser interesante al ir en ocasiones al borde del mar. Esperemos que no haya temporal que malogre el disfrute de la misma.
Ver Son Oleza en un mapa más grande
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